Preguntas más frecuentes

Sus causas

¿Cuánto se sabe de las posibles causas de la enfermedad de Alzheimer?

Actualmente, una parte importante de la investigación intenta establecer las causas de la enfermedad de Alzheimer; aunque, por el momento, queda mucho por descubrir.

Se sabe que la enfermedad es más común en edades avanzadas; pero se desconocen los factores desencadenantes de los cambios, que se producen en el tejido cerebral, de quienes la padecen. Sabemos que estas alteraciones cerebrales se asocian al envejecimiento; pero también, que no son parte de su proceso normal. En algunos casos, estos cambios se producen a una edad relativamente temprana.

Aunque se cree que la genética puede jugar un papel importante, raros son los casos en los que una anormalidad genética es causa de Alzheimer. La opinión general considera que los genes, solamente, contribuyen a aumentar la susceptibilidad de una persona a padecer la enfermedad.

Por otro lado, parece que, al menos en algunos casos, existen factores ambientales, que contribuyen a desencadenar la enfermedad de Alzheimer.

Resulta evidente que esta enfermedad no es infecciosa y que no la causa un “infrauso” o “sobreuso” del cerebro. Aunque, a veces, se manifiesta tras un período de estrés o preocupación, no se considera que estos estados emocionales puedan ser su origen.

Tampoco se cree que un traumatismo o una operación desencadenen Alzheimer. En ocasiones, se ha dicho que la dieta o que algunas deficiencias hormonales pueden contribuir a su desarrollo. Sin embargo, la mayoría de los especialistas no acepta esta propuesta, como tampoco la idea de que el aluminio en la dieta pueda tener algo que ver.

Así pues, todavía hoy no se conoce la causa principal. Únicamente, sabemos que se trata de una enfermedad “edad-dependiente” (más frecuente, a mayor edad) y que existen muchos factores que influyen en su origen.

¿Es posible tomar precauciones para evitar su aparición?

No se sabe lo suficiente acerca de la enfermedad, como para poder recomendar algún tipo de precaución.

¿A cuántas personas afecta?

En nuestro país, la cifra se eleva a más de medio millón de pacientes diagnosticados; aunque se estima que, realmente, pueden padecer la enfermedad unas 800.000 personas.

¿A quién afecta más esta enfermedad: a los varones o a las mujeres?

Afecta, de igual manera, a ambos sexos. Si en las estadísticas aparece un mayor número de enfermas, es, únicamente, porque la mujer vive más años que el hombre.

¿Es hereditaria?

Sabemos que en algunos casos raros de la enfermedad, que tienden a darse en personas más jóvenes de lo normal, ésta se transmite genéticamente, de una generación a otra. En estos casos, la probabilidad de que miembros cercanos de la familia (hermanos, hijos…) desarrollen la enfermedad es del cincuenta por ciento. Sin embargo, la mayoría de los casos de Alzheimer no son de transmisión genética.

Si un miembro de la familia padece la enfermedad de tipo genético, el riesgo entre sus familiares es, aproximadamente, tres veces más alto, que el riesgo para una persona de edad similar, que no tiene historia familiar de la enfermedad. Se cree que, en estos casos, los genes pueden contribuir al desarrollo del Alzheimer, pero que no lo causan directamente.

¿Es contagiosa?

La enfermedad de Alzheimer no es contagiosa.

Sus fases: signos y síntomas

¿Cómo se pueden diferenciar los síntomas iniciales del Alzheimer, de los olvidos habituales en personas de edad avanzada?

Mucha gente mayor se da cuenta de que su memoria no es tan buena como antes; tienen dificultad para recordar el nombre de personas conocidas, qué iban a hacer, qué iban a comprar… Esto no significa que estén empezando a desarrollar la enfermedad de Alzheimer.

Una persona que, habitualmente, es olvidadiza todavía puede recordar detalles, relacionados con el asunto que ha olvidado. Así, puede olvidarse del nombre de su vecino, pero sabe que la persona de la que está hablando es su vecino.

Los enfermos de Alzheimer olvidan no sólo detalles, sino el contexto completo. Igualmente, pueden tener cambios de comportamiento y deterioro de su capacidad, para llevar a cabo las actividades de la vida diaria.

¿Qué signos pueden hacernos sospechar de la existencia de esta enfermedad?

En los estados iniciales de la enfermedad, frecuentemente, la persona parece diferente a como era antes: menos capaz, menos involucrada, menos adaptada… Pierde interés en sus aficiones y pasatiempos; muestra pérdida de concentración; es incapaz de adoptar decisiones y evita cualquier tipo de responsabilidad.

Asimismo, se pueden notar comportamientos extraños (la persona se prepara para ir a trabajar, años después de haberse retirado) o apreciar desorientación y anormales cambios de humor (irritabilidad, recelo…), que se pueden deber a que el enfermo se da cuenta de que algo no va bien, pero es incapaz de establecer dónde radica el problema.

Todos estos cambios son difíciles de determinar, precozmente. Se suelen identificar más tarde, “echando la vista atrás” y tratando de recordar cuáles fueron las primeras señales de la enfermedad.

¿Difiere la enfermedad de Alzheimer de una persona a otra?

La enfermedad de Alzheimer afecta de forma distinta a cada persona.

Aunque la enfermedad tiende a seguir el mismo patrón -un deterioro progresivo de las capacidades cognitivas y funcionales, a lo largo de los años-, su impacto depende del estado inicial del enfermo. Personalidad, condiciones físicas y situación social son factores importantes.

Algunos enfermos se van volviendo cada vez más complicados y es difícil vivir con ellos, mientras que otros se dulcifican y se vuelven más amables. Ciertas personas con Alzheimer no tienen problemas de salud adicionales, mientras que otras padecen discapacidades añadidas, que hacen más difícil su cuidado. Algunos pacientes cuentan con una situación social confortable, pero otros deben hacer frente a problemas familiares y financieros.

¿Cómo progresa, generalmente, la enfermedad de Alzheimer?

Fases

El curso de la enfermedad no es igual en todos los pacientes. De esta forma, el Alzheimer puede avanzar más rápido en algunas personas. Además, nadie va a experimentar todos los signos y síntomas que enumeramos a continuación.

Es importante puntualizar que la enfermedad va progresando de manera gradual y que es muy raro que coincida, exactamente, con cada una de las tres fases, que vamos a describir.

Aun así, resulta interesante echar un vistazo a los signos y síntomas típicos, en cada uno de estos tres estados. Pueden ayudar a los cuidadores a mantenerse alerta de los problemas que puedan aparecer y planificar sobre futuras necesidades.

Fase 1 -Leve-

A menudo, se pasa por alto el estado inicial de la enfermedad, que suele ser interpretado como parte normal del proceso de envejecimiento de la persona. Como el comienzo de la enfermedad es gradual, resulta difícil identificar exactamente su inicio.

Síntomas iniciales:

  • Ligeras alteraciones en el uso del lenguaje.
  • Pérdidas de memoria significativas, sobre todo en la memoria a corto plazo.
  • Dificultad reiterada para recordar hechos importantes.
  • Ligera desorientación tiempo-espacio (por ejemplo, perderse en lugares familiares).
  • Dificultad para adaptarse a nuevos entornos o ambientes.
  • Dificultades para tomar decisiones.
  • Dificultad para nuevos aprendizajes, que requieran procedimientos razonados con cierta complejidad.
  • Ligeras dificultades en la praxia.
  • Alteraciones en el estado de ánimo y comportamiento (signos de depresión y agresividad).
  • Pérdida de iniciativa y motivación.
  • Pérdida de interés, en sus aficiones y pasatiempos.
  • Disminución de la autoestima, miedo al deterioro, confusión.
  • Empleo de mecanismos de defensa.
  • Escritura imprecisa y pobre.
  • Dificultad para el cálculo.

Fase 2 -Moderada-

A medida que la enfermedad va progresando, los problemas se van haciendo más evidentes y la persona con Alzheimer ya presenta dificultades en su vida diaria.

Síntomas medios:

  • Desorientación temporal y espacial grave.
  • Deterioro marcado de la memoria (la persona se vuelve muy olvidadiza, especialmente con los asuntos recientes y los nombres).
  • Dificultad para el aprendizaje de nuevas tareas.
  • Alteraciones gnósicas (alteraciones de la percepción, que incapacitan a quien las padece para reconocer a otras personas, objetos o sensaciones, antes familiares).
  • Incapacidad para asumir acontecimientos muy significativos.
  • Gran dificultad en las actividades de la vida diaria (la persona necesita ayuda para: su higiene personal, ir al servicio, vestirse; es incapaz de cocinar, limpiar, hacer la compra…); no puede vivir sola.
  • Empobrecimiento significativo del lenguaje.
  • Apenas realiza alguna actividad.
  • Torpeza al caminar.
  • Reacciones desmesuradas del carácter.
  • Anomalías diversas del comportamiento (agresividad repentina, seguir al cuidador por toda la casa…).
  • Deambula y, a veces, se pierde.
  • Posibilidad de experimentar alucinaciones.

Fase 3 -Grave-

Esta etapa se caracteriza por una total dependencia e inactividad. Los trastornos de memoria son muy serios y el deterioro físico de la enfermedad se hace muy evidente.

Síntomas avanzados:

  • Dificultad para comer.
  • Pérdida total de memoria, excepto la afectiva.
  • Nulo reconocimiento de parientes, amigos y objetos familiares.
  • Dificultad para comprender o interpretar cualquier cosa.
  • Desorientación temporal y espacial total.
  • Incapacidad para orientarse en la propia casa.
  • Graves trastornos del movimiento.
  • Dificultad para caminar.
  • Estar confinado a una silla de ruedas o a la cama.
  • Doble incontinencia total.
  • Frecuente alteración del sueño.
  • Comportamientos inadecuados en público.
  • Alteración grave o incapacidad para realizar las actividades de la vida diaria (apraxia).
  • Problemas respiratorios, alimenticios y dermatológicos.

Su diagnóstico

¿Por qué es tan importante el diagnóstico?

  • Porque se puede excluir la posibilidad de que los síntomas tengan una causa distinta, de más sencillo tratamiento.
  • Porque permite a los miembros de la familia, a los amigos e, incluso, al propio enfermo hacer planes de futuro.
  • Porque se pueden dar al enfermo los cuidados y tratamientos más adecuados. Sobre todo, teniendo en cuenta que los actuales tratamientos farmacológicos no curan, sólo hacen más lento el desarrollo de la enfermedad.

¿Cómo se efectúa su diagnóstico?

El único medio diagnóstico totalmente seguro es la biopsia cerebral.

Sin embargo, en raras ocasiones, se llega a efectuar; ya que por medio de otras técnicas, se llega a un diagnóstico muy aproximado. Estas técnicas pueden ser: derivaciones de la neuroimagen (TAC cerebral, resonancia magnética cerebral, spect, pet), electroencefalograma, analítica sanguínea y, sobre todo, entrevista clínica.

¿Cuánto tiempo puede vivir el paciente, desde el momento del diagnóstico de la enfermedad?

Aunque depende de diversos aspectos, principalmente de los cuidados, podría decirse que el tiempo de supervivencia se encuentra alrededor de quince años.

Su tratamiento

¿Existe un tratamiento curativo?

Actualmente, no existe un tratamiento farmacológico curativo de la enfermedad. Sí hay, en cambio, tratamientos farmacológicos y no farmacológicos, que aminoran la velocidad de progresión de la enfermedad, si el estadio es aún temprano.

¿Dónde se encuentra mejor el paciente: en su hogar o en una residencia psicogeriátrica?

Un paciente con este tipo de dolencia puede permanecer en su hogar, hasta el último día de su existencia; no es necesario sacarlo de él. Todo depende de que tenga los cuidados precisos -sanitarios, humanos y ambientales-, para que se encuentre bien atendido.

¿Qué tipo de profesionales son los idóneos para cuidar o tratar a un paciente con Alzheimer?

Cualquier persona que conozca la enfermedad, en toda su extensión, y conozca también sus límites.

Un profesional imprescindible debe ser el médico de cabecera (quien se mantiene al corriente, desde siempre, de los problemas de salud de sus pacientes).

En el cuidado diario, son muy útiles los especialistas: terapeuta ocupacional, fisioterapeuta, psicólogo, enfermera o auxiliar psicogeriátrico.

¿Cuál es el momento adecuado para llevar al enfermo a una residencia?

El ingreso en una residencia no es una cuestión de abandono o de fracaso. La pregunta que un cuidador se debe plantear, en todas las etapas de la enfermedad, es: “¿Cuándo debería buscar ayuda para cuidarlo?”. La respuesta, entonces, sería: “Pronto y con frecuencia”.

Estar al cuidado de un familiar enfermo puede ser un trabajo de muy larga duración, por lo que se ha de discernir entre qué se sabe hacer bien y cuándo se requiere ayuda o descanso.

A medida que avanza la enfermedad y la situación se va complicando, se necesitan más recursos para el óptimo cuidado del familiar. Existen diversas opciones: centros de día, viviendas tuteladas, residencias y ayudas en el domicilio.

De esta forma, puede llegar un momento, en el que el cuidador principal, junto con su familia y el médico, decida que un centro, que preste atención las 24 horas del día, constituye la mejor opción para todos los implicados. Así, el cuidador seguirá desempeñando su función, pero serán otras las personas que presten los cuidados físicos.

La determinación de llevar a la persona con demencia a un entorno más protector nunca es fácil. Para el cuidador familiar, tomar esta decisión resulta muy duro y doloroso; pero siemore se debe pensar en proporcionar al enfermo la máxima calidad, en los cuidados que precisa.