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Desde
AFAGI queremos intentar dar respuesta a las principales preguntas
que se plantean los miembros de una familia al conocer que uno de
ellos padece la enfermedad de Alzheimer. Por ello, a continuación
reproducimos las dudas más frecuentes y facilitamos una respuesta.
En
cuanto a las causas:
1. ¿Cuánto
se sabe acerca de las posibles causas de la enfermedad de Alzheimer?
2. ¿Es posible tomar precauciones para evitar
su aparición?
3. ¿A cuántas personas afecta?
4. ¿A quién afecta más esta
enfermedad: a los varones o a las mujeres?
5. ¿Es hereditaria?
6. ¿Es contagiosa?
En cuanto a los signos y síntomas:
1. ¿Cómo
se puede diferenciar los síntomas iniciales del Alzheimer
de los olkvidos habituales en personas de edad avanzada?
2. ¿Qué signos pueden hacernos sospechar
la existencia de esta enfermedad?
3. ¿Difiere la enfermedad de Alzheimer de
una persona a otra?
4. ¿Cómo progresa por lo general la
enfermedad?
5. Síntomas iniciales.
6. Síntomas medios.
7. Síntomas avanzados.
En cuanto al diagnóstico:
1. ¿Por
qué es tan importante el diagnóstico?
2. ¿Cómo se efectúa su diagnóstico?
3. Desde el momento del diagnóstico de la
enfermedad, ¿cuánto tiempo puede vivir el paciente?
En cuanto al tratamiento:
1. ¿Existe
un tratamiento curativo?
2. ¿Dónde estará mejor el paciente:
en su hogar o en una residencia psicogeriátrica?
3. ¿Qué tipo de profesionales son
los idóneos para cuidar o tratar a un paciente con demencia
tipo Alzheimer?
4. ¿Cuál es el momento adecuado para
llevar al enfermo a una residencia?
LAS CAUSAS
1.
¿Cuánto se sabe acerca de las posibles causas de la
enfermedad de Alzheimer?
Actualmente una parte importante de la investigación va dirigida
a intentar establecer las causas de la enfermedad, aunque por el
momento queda mucho por descubrir en este sentido.
Se sabe que la enfermedad es más común en edades avanzadas,
pero se desconocen los factores desencadenantes de los cambios característicos
que se producen en el tejido cerebral de quienes la padecen. Se
sabe que estos cambios cerebrales están asociados al envejecimiento,
pero también que no son parte del proceso normal de envejecimiento.
En algunos casos, estos cambios se producen a una edad relativamente
temprana.
Aunque se cree que la genética puede jugar un papel, son
raros los casos en los que una anormalidad genética es causa
de la enfermedad. La opinión general es que los genes únicamente
contribuyen a aumentar la susceptibilidad de una persona a padecer
la enfermedad. Parece que, al menos en algunos casos, hay factores
ambientales que contribuyen a desencadenar la enfermedad.
Lo que está claro es que la enfermedad de Alzheimer no es
infecciosa y que no está causada por un infra o sobreuso
del cerebro. Aunque a veces la enfermedad se manifiesta tras un
periodo de estrés o preocupación, no se cree que estos
estados emocionales sean su origen. Tampoco se cree que un traumatismo
o una operación puedan desencadenarla. En ocasiones se ha
dicho que la dieta o que algunas deficiencias hormonales pueden
contribuir a su desarrollo, pero la mayoría de los especialistas
no aceptan esta propuesta, como tampoco se acepta la idea de que
el aluminio en la dieta puede tener algo que ver.
Así pues, todavía hoy no se conoce la causa principal.
Sí se sabe que se trata de una enfermedad edad-dependiente
-es decir, es más frecuente cuanto mayor se es- y que existen
muchos factores que influyen en su génesis.
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2.
¿Es posible tomar precauciones para evitar su aparición?
No se sabe lo suficiente acerca de la enfermedad como para poder
recomendar algún tipo de precaución.
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3.
¿A cuántas personas afecta?
En nuestro país la cifra se eleva a más de 500.000
pacientes diagnosticados, aunque se estima que realmente padezcan
la enfermedad unas 800.000 personas.
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4.
¿A quién afecta más esta enfermedad: a los
varones o a las mujeres?
No existe una inclinación a ser padecida más en un
sexo u otro. Si en las estadísticas aparece un mayor número
de enfermas, es solamente porque la mujer vive más años
que el hombre y, por tanto, es mayor su número.
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5.
¿Es hereditaria?
Se sabe que algunos casos raros de la enfermedad, que tienden a
darse en personas más jóvenes de lo normal, se transmiten
genéticamente de una generación a otra. En estos casos
la probabilidad de que miembros cercanos de la familia -hermanos,
hijos- desarrollen la enfermedad es del 50 por ciento.
Sin embargo, la mayoría de los casos de Alzheimer no son
de transmisión genética. Si un miembro de la familia
padece la enfermedad de tipo no genético, el riesgo entre
sus familiares es aproximadamente tres veces más alto que
el riesgo para una persona de edad similar que no tiene historia
familiar de la enfermedad. Se cree que en estos casos los genes
pueden contribuir al desarrollo de la enfermedad, pero que no la
causan directamente.
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6.
¿Es contagiosa?
En absoluto.
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LOS
SIGNOS Y SÍNTOMAS
1.
¿Cómo se puede diferenciar los síntomas iniciales
del Alzheimer de los olvidos habituales en personas de edad avanzada?
Mucha gente mayor se da cuenta de que su memoria no es tan buena
como solía. Por ejemplo, tienen dificultad para recordar
el nombre de personas conocidas, lo que iban a comprar o qué
iban a hacer. Esto no significa que estén empezando a desarrollar
la enfermedad e Alzheimer. Una persona que habitualmente es olvidadiza
todavía puede recordar detalles relacionados con el asunto
que ha olvidado. Así, puede olvidarse del nombre de su vecino,
pero sabe que la persona de la que está hablando es su vecino.
Los enfermos de Alzheimer olvidan no sólo detalles, sino
el contexto completo. Pueden incluso tener problemas tales como
cambios de comportamiento y pérdida en la capacidad para
llevar a cabo las actividades de la vida diaria.
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2.
¿Qué signos pueden hacernos sospechar la existencia
de esta enfermedad?
Uno de los cambios que a menudo aparecen en los estados iniciales
de la enfermedad es que la persona parece diferente a quien es habitualmente.
La persona parece menos capaz, menos involucrada y menos adaptable.
Pierde interés en sus aficiones y pasatiempos; muestra pérdida
de concentración; es incapaz de adoptar decisiones y evita
cualquier tipo de responsabilidad. También se pueden notar
comportamientos extraños, como que se prepara para ir a trabajar
años después de que se haya retirado; o apreciar desorientación
y extraños cambios de humor, como irritabilidad y recelos,
que se pueden deber a que esa persona se da cuenta de que algo no
va bien pero es incapaz de establecer dónde radica el problema.
Todos estos cambios son difíciles de determinar precozmente.
Se suelen identificar más tarde, "echando la vista atrás",
y tratando de recordar cuáles fueron las primeras señales
de la enfermedad.
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3.
¿Difiere la enfermedad de Alzheimer de una persona a otra?
Afecta a cada persona de forma distinta. Aunque la enfermedad tiende
a seguir el mismo patrón -un deterioro progresivo de las
capacidades cognitivas y funcionales a lo largo de los años-,
su impacto va a depender del estado del que parte el enfermo. Personalidad,
condiciones físicas y situación social son factores
importantes.
Algunos enfermos se van volviendo cada vez más complicados
y es difícil vivir con ellos, mientras que otros se dulcifican
y se vuelven más amables. Algunas personas con enfermedad
de Alzheimer no tienen problemas de salud añadidos, mientras
que otras tienen otras discapacidades que pueden hacer mucho más
difícil su cuidado. Algunos pacientes cuentan con una situación
social confortable, mientras que otros han de hacer frente a problemas
familiares y financieros.
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4.
¿Cómo progresa por lo general la enfermedad?
El curso de la enfermedad no va a ser exactamente igual en dos pacientes.
Ésta puede avanzar más rápidamente en unos
que en otros, y nadie va a experimentar todos los signos y síntomas
que enumeramos aquí.
Es importante puntualizar que la enfermedad va progresando gradualmente
y que es muy raro que coincida exactamente con cada uno de los tres
estados que se describen en esta página. Aun así,
puede ser de ayuda echar un vistazo a los signos y síntomas
típicos en el contexto de estos tres estados, ya que puede
servir a los cuidadores para estar alerta de los problemas que pueden
aparecer y hacer planes sobre futuras necesidades.
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5.
Síntomas iniciales.
A menudo se pasa por alto el estado inicial de la enfermedad, que
suele ser interpretado como "vejez" o parte normal del
proceso de envejecimiento. Como el comienzo de la enfermedad es
gradual, resulta difícil identificar exactamente su inicio.
En estos momentos, el enfermo puede:
- ·
Mostrar dificultades con el lenguaje.
- ·
Experimentar pérdidas de memoria significativas, mostrando
problemas sobre todo con la memoria a corto plazo.
- ·
Desorientarse en el tiempo y en el espacio.
- ·
Perderse en lugares familiares.
- ·
Tener dificultades a la hora de tomar decisiones.
- ·
Perder iniciativa y motivación.
- ·
Mostrar signos de depresión y agresividad.
- ·
Mostrar una pérdida de interés en sus aficiones
y pasatiempos.
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6.
Síntomas medios.
A medida que la enfermedad va progresando, los problemas se van
haciendo más evidentes. La persona con Alzheimer tiene dificultades
en su vida diaria y:
- ·
Se vuelve muy olvidadiza, especialmente con los asuntos recientes
y los nombres de las personas.
- ·
No se las puede arreglar viviendo sola sin problemas.
- ·
Es incapaz de cocinar, limpiar, hacer la compra.
- ·
Necesita ayuda para su higiene personal, incluyendo ir al servicio,
bañarse o lavarse.
- ·
Necesita ayuda para vestirse.
- ·
Tiene dificultades cada vez mayores para hablar.
- ·
Vagabundea y a veces se pierde.
- ·
Muestra varias anormalidades de comportamiento, tales como agresividad
sin que medie provocación o seguir constantemente al cuidador
por toda la casa.
- ·
Puede experimentar alucinaciones.
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7.
Síntomas avanzados.
Esta etapa se caracteriza por una total dependencia e inactividad.
Los trastornos de memoria son muy serios y el deterioro físico
de la enfermedad se hace más evidente. El enfermo puede:
- ·
Tener dificultades para comer.
- ·
No reconocer a sus parientes, amigos y objetos familiares.
- ·
Tener dificultades para comprender o interpretar cualquier cosa.
- ·
Ser incapaz de orientarse en su propia casa.
- ·
Tener dificultades para caminar.
- ·
Sufrir incontinencia total o parcial.
- ·
Mostrar comportamientos inadecuados en público.
- ·
Estar confinado a una silla de ruedas o a la cama.
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EL DIAGNÓSTICO
1.
¿Por qué es tan importante el diagnóstico?
· Porque así se puede excluir la posibilidad de que
los síntomas tengan una causa distinta tratable más
fácilmente.
· Porque permite a los miembros de la familia, a los amigos
y, si es posible, al propio enfermo hacer planes de futuro.
· Porque se puede dar al enfermo los cuidados y tratamientos
más adecuados, sobre todo teniendo en cuenta que los actuales
tratamientos farmacológicos no curan, sólo enlentecen
el desarrollo de la enfermedad.
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2.
¿Cómo se efectúa su diagnóstico?
El único medio diagnóstico totalmente seguro es la
biopsia cerebral. Sin embargo, en raras ocasiones se llega a efectuar,
ya que por medio de otras técnicas, como las derivaciones
de la neuroimagen (TAC cerebral, resonancia magnética cerebral,
spect, pet), junto con electroencefalograma, analítica sanguínea
y, sobre todo, entrevista clínica se llega a un diagnóstico
muy aproximado.
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3.
Desde el momento del diagnóstico de la enfermedad, ¿cuánto
tiempo puede vivir el paciente?
Aunque depende de diversos aspectos, sobre todo de los cuidados,
podría decirse que el tiempo de supervivencia estará
alrededor de quince años.
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EL
TRATAMIENTO
1.
¿Existe un tratamiento curativo?
No existe actualmente un tratamiento farmacológico curativo
de la enfermedad. Sí hay, en cambio, tratamientos farmacológicos
y no farmacológicos que aminoran la velocidad de progresión
de la enfermedad si el estadio es aún temprano.
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2.
¿Dónde estará mejor el paciente: en su hogar
o en una residencia psicogeriátrica?
Un paciente con este tipo de dolencia puede estar en su hogar hasta
el último día de su existencia; no existe necesidad
de sacarlo de él. Todo depende de que tenga los cuidados
necesarios: sanitarios, humanos y ambientales para que esté
bien atendido.
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3.
¿Qué tipo de profesionales son los idóneos
para cuidar o tratar a un paciente con demencia tipo Alzheimer?
Cualquiera que conozca la enfermedad en toda su extensión
y conozca también sus límites. Un profesional imprescindible
será su médico de cabecera, quien habrá conocido
desde siempre sus problemas de salud. En el cuidado diario serán
muy útiles especialistas como terapeuta ocupacional, fisioterapeuta,
psicólogo, enfermera o auxiliar psicogeriátrico.
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4.
¿Cuál es el momento adecuado para llevar al enfermo
a una residencia?
Ésta es la pregunta más espantosa y también
una pregunta equivocada. Cuando se empieza a pensar en "abandonar",
se está poniendo la tarea de cuidar del familiar en un contexto
de éxito o fracaso. Así, la pregunta que en realidad
se está formulando es: "¿Cuándo sabré
que he fracasado como cuidador?". Pero el ingreso en una residencia
no es una cuestión de abandono o de fracaso. La pregunta
que un cuidador se debe plantear en todas etapas es: "¿Cuándo
debería buscar ayuda para cuidarle?". La respuesta,
entonces, es: "Pronto y con frecuencia". Estar al cuidado
de un familiar enfermo puede ser un trabajo de muy larga duración,
por lo que se ha de discernir entre qué se sabe hacer bien
y cuándo se necesita ayuda o descanso.
A medida que avanza la enfermedad y la situación se va complicando,
se necesitan más recursos para alcanzar los objetivos marcados
en el cuidado del familiar. Entonces existen diversas opciones:
centros de día, viviendas tuteladas, residencias y ayudas
en el domicilio.
Así, puede llegar un momento en el que el cuidador principal,
junto con su familia y el médico, decida que un centro que
preste atención las 24 horas del día es lo que mejor
se ajusta a las necesidades de todos los implicados. En este caso,
el cuidador sigue desempeñando su función, pero son
otras las personas quienes prestan los cuidados físicos.
La decisión de llevar a la persona con demencia a un entorno
más protector nunca es fácil. Para el cuidador familiar
es muy duro y doloroso el tomar esta decisión; pero a veces
la situación familiar es tan complicada que no tiene otra
alternativa. Siempre hay que pensar en proporcionar al enfermo la
máxima calidad de los cuidados que necesita.
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